LA HORA DE LA PAZ

Santiago de Chile, 24 de junio de 2022

Señor Guillermo Lasso, presidente Constitucional de la Republica del Ecuador.

En su despacho.

Estimado señor presidente, en los últimos días hemos asistido con angustia a una creciente ola de violencia derivada de las protestas que protagonizan miles de ciudadanos indígenas y de sectores urbanos marginales en varias ciudades del Ecuador.

Hace algunos días la ALDHU expresó que no se debía desconocer que, tras estas protestas, se encuentra la desesperación de sectores empobrecidos de la sociedad a quienes cada día les cuesta más enfrentar el costo de la vida.

La voz de los desesperados se ha hecho sentir fuerte y claro -así lo ha manifestado usted mismo, en varias de sus declaraciones ante el país-nadie ha permanecido impasible ante el clamor popular, que incluso ha motivado la adopción de medidas de alivio económico y social por parte del gobierno.

Valoramos los llamados al diálogo que usted en su calidad de primer mandatario ha invocado. A nuestro juicio, ese es el camino correcto para resolver los agudos problemas que aquejan a muchos de los que se encuentran movilizados.

El diálogo, es la oportunidad para la paz y a él debemos aferrarnos como el único mecanismo que puede devolver a la sociedad las mínimas condiciones de convivencia pacífica y civilizada que permitan, a través de la profundización, la democracia, la participación y la búsqueda genuina del bien común, encontrar las mejoras respuestas para resolver los innegables problemas por los que atraviesa la nación.

Sin embargo, hemos atestiguado como al interior de la protesta se emboscan grupos organizados que, deliberadamente, cometen actos de violencia que destruyen bienes públicos y privados, atentan en contra de la seguridad de la población, cortando los suministros básicos, el abastecimiento alimentario, contaminando fuentes de agua, impidiendo el libre tránsito de ambulancias, y, en fin, amedrentando e inhibiendo el derecho de la gente a vivir en paz.

Hemos visto con extrema preocupación como algunos ciudadanos indignados ante esta ola de violencia, se vienen organizando para responder a las acciones de estos grupos, pudiendo derivar en enfrentamientos entre hermanos ecuatorianos, precipitando al país a un abismo de incalculables proporciones.

Quienes propician la escalada violenta de la protesta, desdeñan el diálogo y agudizan a graves extremos este conflicto, sin duda van tras objetivos muy diferentes al de la genuina protesta social.

Ecuador merece vivir en paz. La zozobra actual debe ser superada; ya varias familias están llorando a sus muertos e intentando salvar a sus heridos; el uso progresivo de la fuerza obliga al personal de la Policía Nacional y de las FFAA a extremar sus comportamientos operativos para no afectar los derechos humanos de los manifestantes; cuestión que es aprovechada y mal interpretada por los violentos como señal de debilidad; tras los uniformes se encuentran también otros ecuatorianos, que padecen los mismos problemas que aquejan a quienes se manifiestan, y que sin embargo, exponen su vida y seguridad en el cumplimiento del deber de intentar restaurar el orden público y proteger a la población.

Son incontables los heridos, entre estos servidores públicos y también sus familias merecen nuestra solidaridad.

Señor presidente, hace unos minutos, invocó a las organizaciones de derechos humanos a que nos mantengamos en supervisión de los acontecimientos que puedan vulnerar los derechos de los ecuatorianos.

La ALDHU, recoge su invocación y en muestra de ello seguiremos desplegando observadores atentos al curso de los acontecimientos; no somos neutrales, nuestra causa siempre será la vida, la paz, y la libertad; por eso, sostenemos que la primera y mayor responsabilidad en cautelar estos valores, corresponde a la autoridad como depositaria de la soberanía de la nación, ya que es el Estado y sus autoridades quienes tienen los instrumentos políticos, los recursos materiales y la autoridad jurídica para garantizar a la población el ejercicio de sus derechos fundamentales.

Será necesario un enorme esfuerzo por parte de todos quienes amamos al Ecuador, para recuperar las condiciones de la convivencia. Tras estas horas aciagas, el Ecuador tendrá que reconciliarse y encontrar con generosidad y buena voluntad, los espacios para el reencuentro en paz, que como usted dijo, es el único escenario.

Hacemos un llamado a los ciudadanos del Ecuador, sus líderes sociales y políticos, las instituciones, los medios de comunicación y a los periodistas, a contribuir a detener la escalada de violencia y evitar que la actual crisis se siga profundizando. Llamamos también a las autoridades responsables del orden público, a extremar el cuidado y prudencia en el desarrollo y uso de sus protocolos y recursos operativos para evitar más víctimas.

Las instituciones de la democracia ecuatoriana deberán identificar, detener y sancionar a los responsables de las afectaciones a la vida y seguridad de sus semejantes, a quienes hayan violado los derechos humanos, a quienes hayan ejercido violencia o abusado de la fuerza y también a quienes embozados tras la genuina protesta hayan sido lo responsables de intentar manipularla y conducirla a la generación de un estado de caos y destrucción.

Por nuestra parte, nos esforzaremos por contribuir al logro de estos propósitos que invocamos, y ofrecemos nuestro concurso para realizar una observación e investigación independiente cuyas conclusiones esperamos que coadyuven a establecer la verdad y habilitar la justicia que merece alcanzar el país una vez superada esta crisis.

Señor presidente, reciba usted las seguridades de nuestro reconocimiento y respeto.

Atentamente,

Juan de Dios Parra, secretario general de ALDHU.

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